Es probable que te suene una herramienta de mensajería llamada Slack. Es usada por decenas de millones de personas y es el estándar de comunicación en la mayoría de grandes empresas. No es solo la historia de cómo un pivote de emergencia puede granjearte el éxito, sino una lección muy importante para tu vida empresarial y personal: No siempre puedes conseguir lo que quieres, pero si lo intentas obtienes lo que necesitas.
Sí, te dejo el enlace a la canción. He escrito la entrada mientras la escuchaba.
Dos productos. Dos fracasos. Dos oportunidades
La historia de Slack es la de Stewart Butterfield. Emprendedor y amante de los videojuegos, en 2002 fundó la empresa Ludicorp y lanzó Game Neverending. No te preocupes si no te suena: fue su primer fracaso. Sin embargo, había una función de intercambio de fotos en el juego.
Era tan utilizada que el equipo decidió cerrar el juego y lanzar esa función como un producto independiente: Flickr. Para 2005 Yahoo compró la compañía por unos cuantos millones.
No consiguieron lo que querían, pero esa inyección de capital era lo que necesitaban para intentarlo de nuevo. No vino directamente de Yahoo, pero sí dio a los inversores la confianza suficiente para apoyar Glitch.
En 2009 Butterfield dejó Yahoo y fundó Tiny Speck para intentar cumplir su sueño una vez más: Glitch era otro juego online, este con mayor ambición que el anterior. Y también fue un fracaso: el juego, lanzado en 2011, murió en 2012.
La segunda oportunidad no estaba en el juego, pero sí cerca
Quizá Butterfield no fuese el desarrollador de videojuegos más visionario, pero parece que tenía cierto talento para diseñar herramientas y, del mismo modo que extrajeron Flickr de Game Neverending, se sentó con su equipo a ver qué se podía salvar de Glitch.
Alerta spoiler: de Glitch no se salvó nada.
Sin embargo, el equipo de Tiny Speck estaba descentralizado y para conectarlo habían creado una herramienta de comunicación corporativa. Imagino que rudimentaria al principio, pero con potencial. En 2013 lanzaron una beta cerrada en la que participaron unas 8.000 empresas, en febrero de 2014 se abrió al público y para octubre ya sumaba unos 30.000 equipos registrados.
En 2020 Salesforce compró Slack por 27.700 millones de dólares. Seguro que Butterfield firmó con una media sonrisa, pensando en qué nuevo juego podría desarrollar con semejante capital. Yo estoy deseando verlo.
¿Pero qué te aporta esto a ti?
Esta entrada no busca que desarrolles un videojuego (aunque me encantaría diseñar una campaña de lanzamiento de videojuego, no voy a mentir), sino sacar tres ideas clave que pueden ser muy útiles de cara a tu vida laboral, empresarial y personal:
- Fallar no va a destruir tu negocio, pero aferrarte al fallo sí: a veces tienes que perseguir tus sueños y aferrarte a ellos. No de manera romántica o temeraria, pero un empresario que vive con miedo a equivocarse nunca va a encontrar el éxito. Sin embargo, debes ser capaz de abandonar las ideas que no funcionan. Caer en la falacia del coste hundido es uno de los errores más caros que puedes cometer.
- Presta atención a la experiencia de uso: Flickr y Slack no existirían hoy si no fuese porque alguien decidió observar, y demuestra dos ángulos fundamentales de esta visión: tus consumidores son importantes; lo que usan tus empleados, también. No me canso de mencionarlo en todas las entradas, pero los insights son importantes. Incluso si para verlos necesitas pensar un poquito fuera de la caja.
- Los pivotajes no se improvisan: Slack no nació probando suerte, había un producto sólido detrás creado para dar respuesta a necesidades concretas de una empresa. Incluso con eso, pasó por una fase de beta para limar asperezas y conseguir validación previa. No puedes coger un elemento aleatorio de tu negocio y focalizarte en él, debes encontrar qué funciona, por qué y saber si aislado puede tener éxito.
No importa si tu negocio no está despegando, o si tu nuevo producto parece que se va a estrellar. Es posible que la verdadera oportunidad de negocio esté oculta detrás de algo que por ahora no consigues ver.
Si crees que eso te está sucediendo, quizá necesites ayuda de una consultoría para separar lo que tiene valor real de lo que no, para construir una estrategia de futuro.